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Dra. Montserrat Vendrell

directora general de Biocat


Artículo de opinión

El pasado 18 de octubre la UE publicó el R&D Scoreboard de 2011, en el que se analiza la inversión en I+D de 1.400 compañías —400 europeas y un millar del resto del mundo. Los resultados son, de entrada, esperanzadores porque la inversión en I+D se ha recuperado notablemente a nivel global —con un incremento del 4% frente al descenso del 1,9% experimentado en 2009— y los indicadores todavía son mejores para Europa, donde la inversión ha crecido un 6,1% en 2010, cuando el año anterior había registrado un descenso del 2,6%. El apunte negativo se revela, sin embargo, cuando se comparan las cifras europeas con las de Estados Unidos, donde la recuperación de la inversión en I+D ha sido aún más positiva, con un incremento del 10% en el último año.

En lenguaje escolar, se podría decir que Europa progresa adecuadamente en innovación, pero que aún no ha hecho los deberes en competitividad.

Hace tiempo que los responsables políticos y técnicos de la Unión Europea son conscientes de esta asignatura pendiente. Por ello, en la Estrategia 2020 de la UE el objetivo de inversión en I+D se ha situado en el 3% del PIB, con la voluntad de superar los EE.UU. (2,76% del PIB, en 2008) y de acercarse a los competidores asiáticos como Japón (3,44% del PIB en I+D, en 2008). La inversión en I+D de China no se sitúa en porcentajes tan altos (1,52% del PIB, en 2008), pero con unos crecimientos anuales del PIB que superan el 10%, el simple mantenimiento de la tasa de inversión supone ya una feroz competencia.

En los diferentes niveles técnicos de los países de la UE también hay consenso en esta necesidad de apostar por la innovación y la competitividad, y hay un extenso apoyo a los instrumentos elegidos para hacerlo. Así se ha puesto de manifiesto, a lo largo de 2011, con el proceso de consultas que ha llevado a cabo la Comisión Europea para evaluar la orientación estratégica y los pasos dados hasta ahora por el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (IET).

Más de 180 organizaciones europeas —entre ellas Biocat— han participado en esta consulta, que ha validado el modelo de trabajo que representa el IET y que tiene, como principal valor añadido, su singular integración de la educación superior, la emprendeduría, la investigación y la innovación. Las entidades participantes creen que el IET está llamado a jugar un papel clave en la Estrategia 2020 y hay un amplio consenso sobre la importancia que hay que dar a la misión educativa que el instituto se ha marcado. Pensamiento creativo y emprendedor deben ser, según los expertos, las piezas clave de esta formación, que tiene que ser capaz también de promover nuevos modelos para compartir el conocimiento y favorecer la innovación abierta.

Tanto la consulta abierta como las diferentes evaluaciones externas que se han realizado del IET durante 2011 aprueban el modelo basado en KIC (Knowledge and Innovation Communities), es decir en comunidades de conocimiento e innovación que permitan el trabajo en red a través de diferentes países en torno a un tema estratégico, reuniendo en cada nodo (co-location Center) empresas, entidades de investigación y centros de educación superior. La consolidación de las tres KIC existentes —centradas, respectivamente, en cambio climático, en energías limpias y en sociedad de la información— se considera una prioridad clave en la etapa actual del IET, tan importante como la selección de los ámbitos de actuación de las nuevas KIC que está previsto poner en marcha a principios de 2014.

El proceso de consulta ha servido también para alimentar la elaboración de la propuesta de Agenda Estratégica de Innovación que el IET ha elaborado para la Comisión europea, y en el que se apuntan los ámbitos temáticos que podrían centrarse las nuevas convocatorias de KIC: Human Life and Health; Human Learning and Learning Environements; Food for Future; Manufacturing by and for Creative Human Being; Security and Safety, y Mobility and Smart Cities. La decisión final vendrá marcada por la estimación del impacto social y económico de cada tema, por la complementariedad con fondos y programas ya existentes en la UE, por la ventaja competitiva que pueda suponer abordarlos desde el modelo KIC-IET y, sobre todo, por la existencia en Europa de capacidades científicas y técnicas —en ámbitos como el nuestro, la biotecnología— que nos permitan avanzar significativamente en innovación y liderazgo mundial mediante la focalización de esfuerzos que permite el apoyo del IET.

La buena noticia es que la BioRegión de Cataluña se encuentra muy bien situada para poder aportar activos en investigación, formación y actividad empresarial en varios de estos ámbitos temáticos, y ocupar así un espacio destacado en el paisaje de la innovación europea. El trabajo realizado en los últimos dos años desde Biocat para poner las bases de una candidatura ganadora de una KIC en el ámbito salud nos dan una ventaja comparativa que debemos saber aprovechar. El modelo IET —donde los fondos europeos (25%) sirven, sobre todo, por apalancar otras inversiones públicas y privadas (75%) de proyectos basados ??en el conocimiento pero claramente orientados al mercado— demanda una actitud dinámica, esfuerzo y creatividad desde el minuto cero, pero es una oportunidad que no podemos dejar escapar.

Una Europa innovadora debe ser un horizonte que nos ayude a avanzar y no para reflejarse sólo en lo que hacen otros países líderes, como Alemania, sino para ser parte activa, pieza clave, del esfuerzo colectivo para la competitividad.

Europa apuesta por la innovación, Biocat también.

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